|
Me llamo Choni. Tengo una hija preciosa que es la alegría de mi vida. Se llama Ariadna y cumplirá 4 años el día de la mujer trabajadora. Nació por cesárea, lo cual me ha traído muchos sinsabores a lo largo de los años. Al principio asumí que era justificada porque a mi niña le habían hecho un ph y “estaba sufriendo”. Con el tiempo he aprendido que quizá no era necesaria: me hicieron un Hamilton, me rompieron la bolsa, me pusieron oxitocina, estuve todo el tiempo tumbada y monitorizada, me enemaron, me rasuraron 2 veces (primero para parto y luego para cesárea)… el caso es que ya nunca sabré si realmente mi niña hubiera nacido sola en otras circunstancias. Sólo sé que cuando la miré y no sentí nada creí morirme de culpabilidad y terror.
Siempre había querido dos cosas en la vida: ser madre y matrona. La primera experiencia como madre fue desestabilizadora. Con el tiempo aprendí lo de las hormonas y la impronta y todas esas cosas. Entonces lloré.
Poco después, y después de muchos años intentándolo, conseguí entrar en la escuela de matronas. Tampoco me invadió esta vez la euforia. Algo no me encajaba. La que no encajaba era yo.
Ahora SÉ que se puede nacer con respeto, con amor y con ilusión. Mis dos nuevos objetivos son: ser madre y matrona. Ser madre para parir y sentir lo que me fue robado. Ser matrona para acompañar a las mujeres y asegurar que nadie les roba lo que es suyo: SU PARTO.
|