La Asociación El Parto es Nuestro se financia gracias a las aportaciones de los socios, donativos particulares y, sobre todo, el trabajo voluntario de madres, padres y profesionales repartidos por toda España.
Creemos que el trabajo que realizamos es excelente y muy necesario, pero tenemos déficit económicos que nos impiden impulsar muchos de nuestros proyectos. Por ejemplo, carecemos de espacios adecuados en los que celebrar los encuentros mensuales de apoyo a las madres y las familias, y el hecho de que las personas que se ocupan de tareas que suponen una gran carga de trabajo lo hagan gratuitamente les supone un sacrificio personal y familiar que podría aliviarse de contar con la financiación necesaria. También nos gustaría tener dinero para editar libros y folletos.
¿POR QUÉ MERECE LA PENA AYUDAR A «EL PARTO ES NUESTRO»?
En el mundo hay bastantes instituciones dedicadas a causas tan importantes y necesarias como por ejemplo la protección de la naturaleza o la lucha contra la contaminación, pero ninguna a la protección del comienzo de la vida de los seres humanos. Sin embargo, si no somos capaces de respetarnos a nosotros mismos ¿Cómo vamos a respetar a otros seres vivos? Protegiendo el nacimiento sin violencia se protege al mismo tiempo la vida sin violencia, incluida la que los humanos ejercemos contra los animales y las plantas. A la larga, cuidar el vínculo madre-hijo produce sociedades menos violentas .
Si eres una de esas personas idealistas y generosas que aún cree que el mundo puede cambiarse y quiere invertir dinero y medios para lograrlo, tú eres el filántropo que necesitamos. Aquí te damos algunas buenas razones para ayudarnos.
¿CUÁL ES EL PROBLEMA QUE ESTAMOS ABORDANDO?
En España continua vigente un modelo de atención al parto que surgió en Irlanda en los años 70 bajo el nombre de «Dirección activa del parto». En este modelo todo gira en torno a la figura del ginecólogo y sus intervenciones. La parturienta es un mero objeto pasivo a la que no se pide que de a luz por sí misma ni participe en el parto, sino que se limite a «colaborar» es decir, dar la lata lo menos posible y hacer todo lo que le dicen. Hoy en día, este modelo está superado y la mayoría de las intervenciones que comprende son consideradas mala praxis médica y sociosanitaria.
Dice la OMS
«Toda mujer tiene derecho a una atención prenatal adecuada y un papel central en todos los aspectos de dicha atención, incluyendo la participación en la planificación, ejecución y evaluación de la atención. Los factores sociales, emocionales y psicológicos son fundamentales para comprender la manera de prestar una atención perinatal adecuada»
El respeto a la autonomía y protagonismo de la mujer es pues un índice básico a la hora de juzgar la calidad de la atención al parto. Sin embargo, el tipo de atención que se presta en España no permite tal protagonismo, y produce un aumento injustificado del número de cesáreas y partos traumáticos (inducciones, extracciones instrumentales, episiotomías) y el ingreso de bebés en unidades neonatales sin mejorar la mortalidad y morbilidad materno-infantil (más bien al contrario) en comparación con aquellos países en los que se ha implantado un modelo más acorde con las recomendaciones de la OMS. Una mala atención tiene efectos negativos en la vida sexual de la mujer, sus relaciones familiares y la crianza de los hijos, y contribuye al fracaso de la lactancia materna, que es un factor importantísimo de promoción de la salud.
Según Mardsen Wagner, ex director del Departamento de Salud Materno-infantil la OMS, determinadas intervenciones hacen correr graves riesgos a las mujeres y a sus bebés y además suponen el despilfarro de una gran cantidad de dinero. Tanto las cesáreas como los partos instrumentales dejan secuelas físicas y psicológicas perdurables, de distinta gravedad, que pueden afectar también al establecimiento del vínculo madre–hijo, las relaciones sexuales de la mujer e incluso sus relaciones familiares (véanse algunos de los testimonios de experiencias de parto en hospitales de toda España recogidos en la sección “Nuestras historias”, publicados en esta misma web).
Las restricciones al contacto físico entre la familia y los bebés ingresados en unidades de cuidados neonatales les provoca sufrimiento e influye negativamente en la evolución clínica de los niños (véase el documental titulado “Método canguro” en la sección de videos). La lactancia materna se ve perjudicada y las madres pueden tener sentimientos de culpabilidad e ineptitud que las hacen más propensas a sufrir trastornos como depresión y SEPT (síndrome de estrés postraumático). A largo plazo, la destrucción del vínculo madre-hijo produce adolescentes y jóvenes más inseguros, más propensos al consumo de sustancias adictivas, más dependientes y más violentos (Adriane Raine “Interaction between birth complications and early maternal rejection in predisposing individuals to adult violence: specificity to serious, early-onset violence”).
La Organización Mundial de la Salud recomienda que todos los recién nacidos, sean prematuros o no, permanezcan en contacto piel con piel (método madre canguro) con sus madres. Como explica el pediatra Nils Bergman, «lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre». Desgraciadamente, en nuestro país esta separación todavía se produce de manera arbitraria y sin justificación alguna la mayoría de las veces.
¿CUÁL ES EL IMPACTO DEL PROBLEMA?
Se estima que sólo el 10% de las intervenciones obstétricas que se realizan habitualmente en España están basadas en la evidencia científica. El 90% restante, por tanto, tiene el potencial de causar daño sin beneficios demostrados. El daño que genera el actual modelo de atención obstétrica es difícil, por no decir imposible, de cuantificar. Pero si pensamos que, por ejemplo, el 90% de las primíparas españolas que pare vaginalmente sufre una episiotomía frente a sólo el 6% de las suecas, y sabemos que la episiotomía es una práctica que deja numerosas secuelas físicas y psíquicas, podemos imaginar que las repercusiones de este dato en la vida sexual y afectiva de una inmensa mayoría de madres van a ser considerables. Desafortunadamente, las tasas de morbilidad materno-infantil se infravaloran, porque en los historiales no se recogen datos como secuelas de las episiotomías o lesiones producidas por los fórceps, ni la incidencia de depresión o síndrome de estrés postraumático postparto.
Según datos del año 2000, en nuestro país se realizan unas 36.000 cesáreas innecesarias cada año. Desde entonces su número no ha dejado de crecer. La cesárea multiplica por seis el peligro para la vida de la madre en comparación con el parto vaginal y expone a los recién nacidos a un riesgo aumentado de sufrir distrés respiratorio y cortes accidentales de bisturí e ingresar en una unidad de cuidados intensivos. Por ello, la reducción del porcentaje de cesáreas a cifras razonables forma parte de la política asistencial de varios países desarrollados.
Los partos traumáticos y la separación madre-hijo perjudican la lactancia materna y el establecimiento del vínculo afectivo. Mientras que en todas las UCI de Gran Bretaña, Luxemburgo o Suecia se permite sin excepción el acceso libre de los padres a las unidades, en España sólo lo hace el 11%. Sólo el 23% de las unidades neonatales españolas ofrece el método madre canguro. Para la mejor comprensión del problema, véanse los documentales «De parto», «Los dolores del parto» y «Parir en España» en la sección de videos de nuestra web.
¿QUÉ SUCEDERÁ SI EL PROBLEMA NO ES ABORDADO?
Si no se interviene, los trastornos ocurridos en el comienzo de la vida pueden tener una influencia posterior negativa en el desarrollo emocional, físico e intelectual de los niños, producir depresión y SEPT (Síndrome de Estrés Postraumático) postparto en las madres y reducir su fertilidad. (véase el artículo de El País «La cesárea eleva el riesgo de tener un niño muerto en un futuro parto»).
Es posible que la infertilidad de las mujeres con cesárea previa alcance una influencia significativa en la ya baja tasa de fertilidad de las españolas (una de las más bajas del mundo, con 1,15 hijos por mujer).
Pasará mucho tiempo hasta que el método madre canguro se extienda y se creen unidades suficientes como para paliar el desbordamiento del sistema actual. El numero de bebés prematuros va a seguir aumentando, y ello provocará que cada vez haya más niños que necesiten ingresar en unidades de cuidados intensivos neonatales. Se necesitarán cada vez más y más recursos, no siempre disponibles, para atenderles . El contacto entre los recién nacidos y sus familias seguirá siendo limitado.
Las consecuencias negativas de la medicalización del parto sobre la lactancia materna seguirán entorpeciendo las campañas de promoción emprendidas por las autoridades sanitarias, organizaciones de mujeres y organismos como UNICEF.
En cuanto a la repercusión económica, sabemos que este modelo genera el despilfarro de gran cantidad de recursos, pero no hay estudios que hayan medido su impacto en España. No obstante, puede usarse como referencia el estudio australiano «Costing the cascade: estimating the cost of increased obstetric intervention in hildbirth using population data»).
¿CUÁLES SON LAS DOS COSAS MÁS IMPORTANTES QUE SE DEBE SABER SOBRE ESTE PROBLEMA?
1) A qué se deben las mejoras en la mortalidad maternoinfantil
Las grandes mejoras en las tasas de mortalidad maternoinfantil se deben principalmente a la mejor alimentación y salud de las mujeres, mejor educación, mejores controles del embarazo y avances de la neonatología. Las principales causas de mortalidad infantil en las sociedades desarrolladas son la prematuridad y las malformaciones congénitas. Estos problemas no se solucionan con la medicalización de los partos normales.
2) Sobre la operación de cesárea
La sociedad banaliza la operación de cesárea, más que una operación de cirugía mayor abdominal, parece que estuviésemos hablando de una simple operación de amígdalas. Es más, si a una mujer le hacen una operación de amígdalas y sus familiares y amigos la visitan en el hospital, seguro que recibe más consuelo y consideración por su malestar físico y emocional que si le hacen una cesárea. Se dice que con la cesárea “los niños nacen más guapos” y que “la cesárea es mucho más segura que el parto vaginal y además así te ahorras el dolor”. Sin embargo, la realidad es que la cesárea multiplica por seis el riesgo para la vida de la madre en comparación con el parto vaginal, y expone a los bebés a un riesgo aumentado de sufrir distrés respiratorio, cortes accidentales de bisturí e ingreso en una unidad de cuidados intensivos. Las tasas más altas de mortalidad perinatal corresponden a las comunidades con un índice más alto de cesáreas. El postoperatorio de la cesárea puede ser muy doloroso y tanto el tiempo de permanencia en el hospital como el necesario para la recuperación física son mucho mayores que en el parto vaginal. Un parto normal hace sentir a la mujer capaz e influye positivamente en su deseo de amamantar y su confianza en sí misma como mujer y como madre. La cesárea debilita la confianza de la mujer en sí misma. La mayoría de los profesionales sanitarios no ha recibido formación sobre los efectos psicosociales de las intervenciones obstétricas.
Es posible, y recomendable, que incluso en una cesárea la mujer esté acompañada por la persona elegida por ella, tenga a su bebé consigo inmediatamente después de ser extraído e incluso lo amamante en el mismo quirófano si desea hacerlo. Cuando la mujer ha participado en la toma de decisiones y se han respetado sus necesidades físicas y emocionales, la cesárea puede ser una experiencia muy positiva. Es necesario informar a los profesionales de qué medidas puede adoptar para ayudar a la mujer y su pareja a lograrlo.
Para saber más sobre nuestro trabajo y objetivos o recibir la documentación mencionada en este texto pueden escribir a: